Reseña de la novela “El silencio de la ciudad blanca”

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Una novela muy imperfecta que, sin embargo, entretiene y engancha.

Hay novelas que intentan abarcar diferentes temáticas y registros, y lo consiguen. Otras apuntan en demasiadas direcciones con mucha ambición y acaban desinflándose en todos sus frentes. “El Silencio de la Ciudad Blanca” acierta en algunos aspectos, en otros falla estrepitosamente.

Se trata de una novela policíaca, con un asesino en serie ritual, cuya trama incluye un romance imposible entre el protagonista (el policía a cargo de la investigación) y su jefa (la subcomisaria de policía, una mujer casada) cuyas vidas están aderezadas con sendos traumas familiares (la trágica muerte de la esposa embarazada de él, un traumático aborto de ella). La trama policial discurre paralela a una historia ambientada en la posguerra española que explicará la génesis del asesino en serie, todo ello condimentado con el trasfondo histórico y mitológico de la ciudad de Vitoria, además de una serie de personajes secundarios oscuros, supuestamente complejos y pretendidamente interesantes, en especial los hermanos gemelos que encarnan a los principales sospechosos de los crímenes. En teoría, los gemelos tienen un papel destacado en la historia, no en vano la sinopsis comienza haciendo referencia a uno de ellos: “Tasio Ortíz de Zárate, el brillante arqueólogo condenado por los extraños asesinatos que aterrorizaron la tranquila ciudad de Vitoria hace dos décadas, está a punto de salir de prisión en su primer permiso cuando los crímenes se reanudan de nuevo”. Sin embargo, el papel del arqueólogo y de su hermano en la novela acabará siendo una auténtica decepción, quedando ambos reducidos a una desconcertante caricatura.

El problema, como decía al principio, es que esta novela apunta demasiado alto y se desinfla en varios de los frentes que intenta abarcar.

Seguimos las pesquisas policiales a través de su protagonista (el inspector Unai López de Ayala —alias Kraken—), un experto en perfiles criminales y en asesinos en serie. Esto de por sí llama la atención, y uno se pregunta cómo el cuerpo de policía de una modesta ciudad como Vitoria cuenta con todo un “experto en perfiles de asesinos en serie”, algo que parece trasplantado desde una novela de agentes del FBI americano. Como novela policiaca, las actuaciones y los métodos seguidos por el protagonista, y en general por la policía, resultan bastante risibles. No puedo evitar la comparación con las novelas de Lorenzo Silva y su magnífico sargento Bevilacqua, donde sí se tiene la impresión de estar asistiendo a la narración de una auténtica investigación policial made in spain.

La trama romántica ambientada en la posguerra (que se va narrando en una serie de flashbacks y que cuenta los orígenes del asesino en serie), empieza bien y se desarrolla con interés, pero precisamente cuando llega el momento de explicar la transformación de un muchacho maltratado por la vida en un asesino en serie es cuando la historia se vuelve poco creíble. Más increíble aún cuando ese joven inculto criado poco menos que como un salvaje, acaba convirtiéndose ni más ni menos que en…

El trasfondo mitológico que aspira a ser el marco para los crímenes también promete al principio, pero se diluye quedando en mera anécdota.

Posiblemente lo que menos me ha gustado haya sido el retrato de los dos personajes gemelos. De nuevo, personajes que podrían resultar interesantes acaban volviéndose insustanciales, desplegando un comportamiento bastante absurdo.

Toda la trama en sí tiene un aire forzado, las actuaciones de los personajes, las pesquisas y deducciones, las conclusiones a las que llega la policía, demasiado a menudo da la sensación de que los acontecimientos no se mueven por su propia lógica interna sino por una trama ya establecida previamente, dispuesta por la autora para que todo encaje, aunque para hacerlo encajar haya que forzarlo “un poquito”. Si eres un lector exigente, ese “poquito” te molestará.

En el lado positivo, la habilidad de la autora para generar intriga y enganchar al lector desde el primer momento, aunque a veces esa intriga sea un poco tramposa.

El punto fuerte de la novela es, sin duda, la lucha interna del protagonista para superar una experiencia trágica, sus esfuerzos por sobreponerse y la lección de vida que saca de ello. Tal vez no nos vaya a cambiar la vida, pero se lee con satisfacción. A destacar también el personaje del abuelo, el más entrañable y el mejor construido de todos cuanto pueblan esta novela.

En resumen, una novela que decepciona en bastantes aspectos y ofrece satisfacciones en otros. Engancha y no aburre. Quizás los aciertos pesen más que los errores.

Mi valoración: 6

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