Las redes sociales y la (des)información

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Se está produciendo un fenómeno preocupante relacionado con Internet y cómo formamos nuestra opinión basada en la información que recibimos. En los comienzos de internet y de las redes sociales, una de las predicciones que solían hacer los expertos era que cada vez íbamos a estar mejor informados. Que la sociedad se iba a volver cada vez más abierta y plural porque iba a tener acceso a muchos más puntos de vista, a muchas más opiniones diferentes.

Sin embargo está sucediendo todo lo contrario. En lugar de tener acceso a puntos de vista variados, solo vemos opiniones similares que refuerzan la misma idea. En lugar de opiniones diferentes, cada vez nos encontramos más con la misma opinión. Como todas las opiniones coinciden con la nuestra, pensamos que tenemos la razón, sin discusión, y lo que encontramos en las redes sociales refuerza esa idea, ya que no vemos a nadie que nos contradiga o que opine diferente. Y si los hay, son una minoría, locos, mala gente que va en contra de la opinión mayoritaria y acertada de la sociedad. O sea, nuestra opinión, que es la de los “buenos”.

Sin embargo, la realidad es que cada vez estamos más desinformados, cada vez tenemos menos datos para entender los problemas complejos a los que se enfrenta la sociedad (economía, ética, legales, científicos). Nuestra comprensión de los asuntos cada vez es más simple, de una ingenuidad casi infantil.

Y ni siquiera somos conscientes del problema.

Y la culpa la tienen las redes sociales y sus “famosos” algoritmos.

Para entender el fenómeno es necesario, primero, entender cómo funciona una red social como Facebook:

Facebook basa su multimillonario negocio en enganchar a la gente gracias a las pequeñas dosis de satisfacción que uno recibe cuando lee un post gracioso, agradable, interesante, y sobre todo, cuando recibe “likes” a los post que uno mismo ha publicado. El proceso se realimenta: si vemos algo que nos gusta le daremos un like. Así que la persona que lo ha publicado sentirá una pequeña satisfacción y seguirá publicando. A su vez, dada la gigantesca cantidad de cosas que se publican en Facebook cada segundo, es necesario filtrar y mostrar a cada usuario aquello que tenga más posibilidades de gustarle.

¿Y cómo sabe Facebook lo que nos gusta más y lo que menos? Con los algoritmos.

Los algoritmos son unos programas basados en inteligencia artificial que deciden qué publicaciones vemos en primer lugar en nuestro feed de noticias. Para decidir lo que nos puede interesar más, analizan nuestro historial, dónde hemos hecho clic antes, dónde hemos pasado más tiempo leyendo una noticia, a quién seguimos… En base a ese historial, el algoritmo decide qué es lo que más nos va a interesar leer a continuación.

¿Y qué es lo que ocurre con la información? Exactamente lo mismo. Facebook decide con sus algoritmos qué noticias nos van a interesar más, en qué noticias hay más posibilidades para que hagamos un like.

El resultado de esto es que solo vemos noticias y artículos cuya opinión coincide con la nuestra, porque de ese modo vamos a darle un like. Por ejemplo, las personas a favor del libre comercio solo van a ver artículos que clamen a favor del libre comercio (like) y rara vez se van a encontrar opiniones argumentando en su contra. Las personas a favor de los toros van a ver artículos sobre toros (like) en lugar de opiniones en contra. Los antitaurinos solo verán noticias clamando contra el maltrato animal (like) en lugar de defendiendo la fiesta nacional. Las personas de izquierdas solo leerán artículos que refuercen su idea de izquierdas (like), y las personas de derechas solo leerán noticias que vengan a reforzar su posición de derechas (like). Y así sucede con todo.

¿El resultado? Que en lugar de acceder a diversidad de opiniones que nos ayuden a formarnos una opinión propia, conociendo los pros y los contras de cada postura, vemos un solo punto de vista que refuerza nuestra opinión de partida. Nos aislamos en una realidad en la que pensamos que la mayoría piensa como nosotros, creyendo falsamente que es solo una minoría de locos la que defiende la postura contraria. Percibimos a los que no opinan como nosotros como una minoría radical que nunca puede tener la razón. No tenemos acceso a argumentos que tal vez podrían hacernos cambiar de opinión sobre ciertas cuestiones, o al menos a matizar nuestra opinión.

La sociedad se polariza, se radicaliza en sus posturas, ya que todo el mundo cree estar dentro de una mayoría que avala su postura.

Vivimos engañados creyendo que estamos bien informados porque estamos al día en nuestro newsfeed, creyendo que gracias a redes sociales como Facebook accedemos a información abundante y variada, cuando lo que ocurre es que cada vez nos encasillamos más en un nicho donde solo leemos voces que nos dicen lo mismo, donde nadie discrepa, donde los que opinan diferente son los raros, la minoría, los locos, las malas personas.

Quizás deberías empezar a buscar información por ti mismo y descubrir que ahí fuera, más allá de las redes sociales, existe un mundo de opiniones contrapuestas, un mundo donde, tal vez, algunas personas tengan también su parte de razón.

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