La Odisea de la Incertidumbre Americana

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En nuestra novela “El Prisionero”, su protagonista, Paul Hébert, se hace una serie de reflexiones sobre las contradicciones de Estados Unidos.

“América son muchas cosas, es el capitalismo más cruel, es la vida al filo de la desgracia, siempre con la amenaza de un huracán, un terremoto, o un tiroteo. Pero América es también los libros de comics, y adultos soñando con aventuras infantiles. América es una multitud que aplaude dentro de una sala de cine (¿ridículo o adorable?) América son reuniones de vecinos que se ayudan, se apoyan y se alientan. América y sus fiestas de graduación, chavales de 17 años con corbata celebrando que han terminado sus años de instituto cómo si fuera un logro inmenso; pero América produce los mejores científicos del planeta, y cuando estos surgen en otros lugares del mundo, América se los trae. América es el puritanismo y el miedo al sexo, tremendo miedo al sexo, a hablar de él en los medios de comunicación, pero practicarlo desde los 12 años y generar billones de dólares en pornografía. América es el culto al cuerpo y un 30% de obesos en la población. América son los mayores avances médicos del mundo en el tratamiento del cáncer y tantas otras enfermedades, pero un sistema que permite que una persona pierda todos los ahorros de su vida por una inoportuna enfermedad. En América conviven todas las razas en armonía hasta que se matan entre sí. Star Wars, Coca Cola y la mitad de las medallas de las olimpiadas. Aunque seas extranjero te conmueves al escuchar el himno, un himno en el que cantar la nota que acompaña a la palabra libre es casi imposible, como si la libertad solo la pudieran alcanzar unos pocos. El compañerismo y la fraternidad, mientras multinacionales explotan sin remordimientos a niños inocentes en otros países. América habla suave mientras lleva un palo inmenso en las manos, es lo que decía el presidente Theodore Roosevelt, aunque su sobrino Franklin Delano le enseñó al mundo que era posible una sociedad capitalista regulada por un gobierno fuerte que cuidara de las necesidades de sus ciudadanos más desfavorecidos. América es la esclavitud de los negros que sigue respirando detrás del discurso que escribe su historia dos siglos después. América es llegar a la luna y es dictar los sueños de un planeta. América es no saber idiomas aunque dentro de ti se hablen todos. Es tender la mano y es apartarla.”

¿Confuso?, ya lo creo, pero si Paul Hébert se hiciera esa reflexión ahora, tras la victoria del magnate Trump en las elecciones generales, la confusión sería aún mayor.
Ni Rafael Avendaño ni yo somos Paul Hébert, pero muchas de nuestras experiencias nos las ha robado Paul Hébert, incluidas en mi caso las de un europeo que se encuentra un día con que el resto de su vida, para bien o para mal, se extiende frente a él en esta tierra tan contradictoria. ¿Qué pensaría Paul Hébert de esta situación tan inusual? ¿Es realmente tan inusual? ¿Por qué estábamos tan cómodos aceptando a una candidata que representaba lo peor de la política establecida? ¿No somos mi coescritor y yo, en realidad, amantes de romper las reglas? Vamos a ver: empezamos a escribir ficción en equipo (no es que fuéramos pioneros, pero no es en absoluto lo más ortodoxo) luego empezamos a escribir como perfectos desconocidos una saga que se acabará extendiendo más allá de las dos mil páginas (en lugar de lo más habitual para autores noveles: empezar con novelas cortas), además de que, quién lea nuestros libros, se dará cuenta de que nuestra manera de pensar se aleja mucho del conformismo. Sin embargo, y hablaré por mí, sufrí con mucha ansiedad los días previos a las elecciones, sospechando que pasaría lo que acabó pasando. ¿Por qué?

En la tercera parte de nuestra saga, que arrancó hace casi tres años con Todo lo que Nunca Hiciste por Mí, están presentes como personajes muchos políticos de primera fila del ejecutivo de Barack Obama, Obama incluido. El libro, que llevará por título “La Mitad Invisible”, desarrolla gran parte de su acción en Estados Unidos y lleva escrito más de un año. Hace unos meses reflexionamos por primera vez que, para cuando el libro saliera a la luz (lo hará probablemente en el primer semestre de 2017) Obama ya no sería presidente, pero lo sería Hillary Clinton, con lo cual nos sentíamos cómodos dejando esos personajes tal cual. ¿La razón? El libro resultaría tal vez un poco anticuado pero, por decirlo de alguna manera, pertenecería a una realidad similar a la contemporánea, una realidad sociopolítica que mantendría el Status Quo, el estado natural de las cosas… No, no había ningún problema en mantener esos personajes. Con Trump en el poder, sin embargo, el discurrir de la política americana, de su historia y, en consecuencia, del mundo occidental e incluso el mundo conocido es, cuando menos, una incógnita enorme, en el que incluso la ficción se ve alterada.
Trump es tan contradictorio, tan simple y tan complejo que como personaje literario no funcionaria jamás, ¿O sí? Tal vez ahí está la clave, ahí está la incógnita. De la imprevisibilidad de Trump nace el constante “Cliff Hanger”, el qué pasará después, de manera que, te guste o no, no puedes dejar de leer, ni puedes dejar de mirar.
Lo malo es que todo esto es la realidad, no un libro.

Aparte de que ahora a ver qué hacemos con esos personajes de “La Mitad Invisible”

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