Lenguaje corporal para moldear nuestra identidad

Quién esté pasando por una época de estrés, o tenga que enfrentarte a una situación difícil como una entrevista de trabajo, tal vez este video te ayude.

No creo en los trucos milagrosos del estilo “mejora tu físico con esta rutina de solo 5 minutos al día” que tanto circulan por internet, pero el pequeño truco de lenguaje corporal que explica en el video realmente funciona, lo he comprobado personalmente, para bajar el nivel de estrés de cara a enfrentar una situación difícil. ¡Y realmente solo necesitas 2 minutos!

 

 

La Odisea de la Incertidumbre Americana

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En nuestra novela “El Prisionero”, su protagonista, Paul Hébert, se hace una serie de reflexiones sobre las contradicciones de Estados Unidos.

“América son muchas cosas, es el capitalismo más cruel, es la vida al filo de la desgracia, siempre con la amenaza de un huracán, un terremoto, o un tiroteo. Pero América es también los libros de comics, y adultos soñando con aventuras infantiles. América es una multitud que aplaude dentro de una sala de cine (¿ridículo o adorable?) América son reuniones de vecinos que se ayudan, se apoyan y se alientan. América y sus fiestas de graduación, chavales de 17 años con corbata celebrando que han terminado sus años de instituto cómo si fuera un logro inmenso; pero América produce los mejores científicos del planeta, y cuando estos surgen en otros lugares del mundo, América se los trae. América es el puritanismo y el miedo al sexo, tremendo miedo al sexo, a hablar de él en los medios de comunicación, pero practicarlo desde los 12 años y generar billones de dólares en pornografía. América es el culto al cuerpo y un 30% de obesos en la población. América son los mayores avances médicos del mundo en el tratamiento del cáncer y tantas otras enfermedades, pero un sistema que permite que una persona pierda todos los ahorros de su vida por una inoportuna enfermedad. En América conviven todas las razas en armonía hasta que se matan entre sí. Star Wars, Coca Cola y la mitad de las medallas de las olimpiadas. Aunque seas extranjero te conmueves al escuchar el himno, un himno en el que cantar la nota que acompaña a la palabra libre es casi imposible, como si la libertad solo la pudieran alcanzar unos pocos. El compañerismo y la fraternidad, mientras multinacionales explotan sin remordimientos a niños inocentes en otros países. América habla suave mientras lleva un palo inmenso en las manos, es lo que decía el presidente Theodore Roosevelt, aunque su sobrino Franklin Delano le enseñó al mundo que era posible una sociedad capitalista regulada por un gobierno fuerte que cuidara de las necesidades de sus ciudadanos más desfavorecidos. América es la esclavitud de los negros que sigue respirando detrás del discurso que escribe su historia dos siglos después. América es llegar a la luna y es dictar los sueños de un planeta. América es no saber idiomas aunque dentro de ti se hablen todos. Es tender la mano y es apartarla.”

¿Confuso?, ya lo creo, pero si Paul Hébert se hiciera esa reflexión ahora, tras la victoria del magnate Trump en las elecciones generales, la confusión sería aún mayor.
Ni Rafael Avendaño ni yo somos Paul Hébert, pero muchas de nuestras experiencias nos las ha robado Paul Hébert, incluidas en mi caso las de un europeo que se encuentra un día con que el resto de su vida, para bien o para mal, se extiende frente a él en esta tierra tan contradictoria. ¿Qué pensaría Paul Hébert de esta situación tan inusual? ¿Es realmente tan inusual? ¿Por qué estábamos tan cómodos aceptando a una candidata que representaba lo peor de la política establecida? ¿No somos mi coescritor y yo, en realidad, amantes de romper las reglas? Vamos a ver: empezamos a escribir ficción en equipo (no es que fuéramos pioneros, pero no es en absoluto lo más ortodoxo) luego empezamos a escribir como perfectos desconocidos una saga que se acabará extendiendo más allá de las dos mil páginas (en lugar de lo más habitual para autores noveles: empezar con novelas cortas), además de que, quién lea nuestros libros, se dará cuenta de que nuestra manera de pensar se aleja mucho del conformismo. Sin embargo, y hablaré por mí, sufrí con mucha ansiedad los días previos a las elecciones, sospechando que pasaría lo que acabó pasando. ¿Por qué?

En la tercera parte de nuestra saga, que arrancó hace casi tres años con Todo lo que Nunca Hiciste por Mí, están presentes como personajes muchos políticos de primera fila del ejecutivo de Barack Obama, Obama incluido. El libro, que llevará por título “La Mitad Invisible”, desarrolla gran parte de su acción en Estados Unidos y lleva escrito más de un año. Hace unos meses reflexionamos por primera vez que, para cuando el libro saliera a la luz (lo hará probablemente en el primer semestre de 2017) Obama ya no sería presidente, pero lo sería Hillary Clinton, con lo cual nos sentíamos cómodos dejando esos personajes tal cual. ¿La razón? El libro resultaría tal vez un poco anticuado pero, por decirlo de alguna manera, pertenecería a una realidad similar a la contemporánea, una realidad sociopolítica que mantendría el Status Quo, el estado natural de las cosas… No, no había ningún problema en mantener esos personajes. Con Trump en el poder, sin embargo, el discurrir de la política americana, de su historia y, en consecuencia, del mundo occidental e incluso el mundo conocido es, cuando menos, una incógnita enorme, en el que incluso la ficción se ve alterada.
Trump es tan contradictorio, tan simple y tan complejo que como personaje literario no funcionaria jamás, ¿O sí? Tal vez ahí está la clave, ahí está la incógnita. De la imprevisibilidad de Trump nace el constante “Cliff Hanger”, el qué pasará después, de manera que, te guste o no, no puedes dejar de leer, ni puedes dejar de mirar.
Lo malo es que todo esto es la realidad, no un libro.

Aparte de que ahora a ver qué hacemos con esos personajes de “La Mitad Invisible”

Las redes sociales y la (des)información

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Se está produciendo un fenómeno preocupante relacionado con Internet y cómo formamos nuestra opinión basada en la información que recibimos. En los comienzos de internet y de las redes sociales, una de las predicciones que solían hacer los expertos era que cada vez íbamos a estar mejor informados. Que la sociedad se iba a volver cada vez más abierta y plural porque iba a tener acceso a muchos más puntos de vista, a muchas más opiniones diferentes.

Sin embargo está sucediendo todo lo contrario. En lugar de tener acceso a puntos de vista variados, solo vemos opiniones similares que refuerzan la misma idea. En lugar de opiniones diferentes, cada vez nos encontramos más con la misma opinión. Como todas las opiniones coinciden con la nuestra, pensamos que tenemos la razón, sin discusión, y lo que encontramos en las redes sociales refuerza esa idea, ya que no vemos a nadie que nos contradiga o que opine diferente. Y si los hay, son una minoría, locos, mala gente que va en contra de la opinión mayoritaria y acertada de la sociedad. O sea, nuestra opinión, que es la de los “buenos”.

Sin embargo, la realidad es que cada vez estamos más desinformados, cada vez tenemos menos datos para entender los problemas complejos a los que se enfrenta la sociedad (economía, ética, legales, científicos). Nuestra comprensión de los asuntos cada vez es más simple, de una ingenuidad casi infantil.

Y ni siquiera somos conscientes del problema.

Y la culpa la tienen las redes sociales y sus “famosos” algoritmos.

Para entender el fenómeno es necesario, primero, entender cómo funciona una red social como Facebook:

Facebook basa su multimillonario negocio en enganchar a la gente gracias a las pequeñas dosis de satisfacción que uno recibe cuando lee un post gracioso, agradable, interesante, y sobre todo, cuando recibe “likes” a los post que uno mismo ha publicado. El proceso se realimenta: si vemos algo que nos gusta le daremos un like. Así que la persona que lo ha publicado sentirá una pequeña satisfacción y seguirá publicando. A su vez, dada la gigantesca cantidad de cosas que se publican en Facebook cada segundo, es necesario filtrar y mostrar a cada usuario aquello que tenga más posibilidades de gustarle.

¿Y cómo sabe Facebook lo que nos gusta más y lo que menos? Con los algoritmos.

Los algoritmos son unos programas basados en inteligencia artificial que deciden qué publicaciones vemos en primer lugar en nuestro feed de noticias. Para decidir lo que nos puede interesar más, analizan nuestro historial, dónde hemos hecho clic antes, dónde hemos pasado más tiempo leyendo una noticia, a quién seguimos… En base a ese historial, el algoritmo decide qué es lo que más nos va a interesar leer a continuación.

¿Y qué es lo que ocurre con la información? Exactamente lo mismo. Facebook decide con sus algoritmos qué noticias nos van a interesar más, en qué noticias hay más posibilidades para que hagamos un like.

El resultado de esto es que solo vemos noticias y artículos cuya opinión coincide con la nuestra, porque de ese modo vamos a darle un like. Por ejemplo, las personas a favor del libre comercio solo van a ver artículos que clamen a favor del libre comercio (like) y rara vez se van a encontrar opiniones argumentando en su contra. Las personas a favor de los toros van a ver artículos sobre toros (like) en lugar de opiniones en contra. Los antitaurinos solo verán noticias clamando contra el maltrato animal (like) en lugar de defendiendo la fiesta nacional. Las personas de izquierdas solo leerán artículos que refuercen su idea de izquierdas (like), y las personas de derechas solo leerán noticias que vengan a reforzar su posición de derechas (like). Y así sucede con todo.

¿El resultado? Que en lugar de acceder a diversidad de opiniones que nos ayuden a formarnos una opinión propia, conociendo los pros y los contras de cada postura, vemos un solo punto de vista que refuerza nuestra opinión de partida. Nos aislamos en una realidad en la que pensamos que la mayoría piensa como nosotros, creyendo falsamente que es solo una minoría de locos la que defiende la postura contraria. Percibimos a los que no opinan como nosotros como una minoría radical que nunca puede tener la razón. No tenemos acceso a argumentos que tal vez podrían hacernos cambiar de opinión sobre ciertas cuestiones, o al menos a matizar nuestra opinión.

La sociedad se polariza, se radicaliza en sus posturas, ya que todo el mundo cree estar dentro de una mayoría que avala su postura.

Vivimos engañados creyendo que estamos bien informados porque estamos al día en nuestro newsfeed, creyendo que gracias a redes sociales como Facebook accedemos a información abundante y variada, cuando lo que ocurre es que cada vez nos encasillamos más en un nicho donde solo leemos voces que nos dicen lo mismo, donde nadie discrepa, donde los que opinan diferente son los raros, la minoría, los locos, las malas personas.

Quizás deberías empezar a buscar información por ti mismo y descubrir que ahí fuera, más allá de las redes sociales, existe un mundo de opiniones contrapuestas, un mundo donde, tal vez, algunas personas tengan también su parte de razón.

Humor, corrección política y la novela El Prisionero

Hace poco, a raíz de la publicación de la novela “El Prisionero”, contactaba conmigo la redactora de un blog literario para explicarme que había recibido la novela, había empezado a leerla, pero lamentablemente había tenido que dejar la lectura porque no podía “asumir” el sentido del humor mezclado con un tema como el terrorismo yijhadista.

Al escuchar a esta charla: ¿Puede la corrección política acabar con el sentido del humor? | Victor Grande | TEDxGalicia no he podido dejar de acordarme del comentario de la redactora respecto a nuestra novela. Creo que Victor Grande hace una exposición bastante acertada del asunto.

(Antes de pasar al video quisiera aclarar que en El Prisionero, NO es una sátira hacia el mundo del terrorismo yihadista. En la novela, el protagonista es una periodista que utiliza el sentido del humor para ridiculizar los actos de los terroristas y para escapar, siquiera mentalmente, del horror que le rodea. Algo muy diferente a una sátira. Sin embargo, creo que ese mismo “síndrome de la corrección política” que explica Victor Grande en su charla TED es lo que hace que muchos “estupendos”, como él los llama, se sientan ofendidos por el sentido de una la novela como El Prisionero).

¿Y tú? ¿Perteneces al grupo de los “estupendos”? ¿Te atreves a leer El Prisionero?

Ponte a prueba y empieza a leer los primeros capítulos gratis. Descarga en PDF.

Los nativos digitales no existen

Hace unos meses, un amigo me explicaba bastante frustrado su experiencia al tratar de poner en marcha una academia de clases particulares que aspiraba a enseñar programación a niños de entre 8 y 16 años. Se trataba de cursos de diferentes lenguajes de programación orientados sobre todo a los más pequeños. La idea bebía de iniciativas como la de code.org, un movimiento alrededor del mundo que proclama las ventajas de que los niños, ya desde pequeños, adquieran las habilidades para diseñar sus propias aplicaciones en móviles y en internet. No voy a extenderme sobre esas ventajas, que puedes encontrar aquí y aquí (y te aseguro que te interesará leerlo si tienes hijos).

Volviendo a mi amigo y a su academia, lo que me explicó fue que al intentar ofrecer los cursos a los padres, la mayoría respondía con un “eso mi hijo ya lo sabe” o un “mi hijo no necesita clases, si ya sabe utilizar el móvil y el ordenador”. Al final, la academia tuvo que cerrar porque la mayoría de padres daban por hecho que sus hijos ya sabían todo lo que tenían que saber. Al fin y al cabo habían crecido con un móvil y una tablet entre las manos, ¿no?

Pues no. Resulta que los niños no tienen ni idea de informática, y mucho menos de programación, por el mero hecho de utilizar un móvil o una tablet. Eso de los “nativos digitales” es una soberana idiotez.

Por eso me ha gustado mucho encontrarme con esta charla, donde lo explican perfectamente:

Los peligros que los chicos pueden encontrar en internet y su total desconocimiento de “quién hay al otro lado” es un tema que desarrollamos en la novela “Todo lo que nunca hiciste por mi”. Si crees que ya lo sabes todo sobre internet, empieza a leer aquí las primeras 100 páginas ¡y prepárate para llevarte unas cuantas sorpresas!